Por Rafael Tejeda de Luna
Al exponer nuestros puntos de vista, él parecía un hombre de mi
generación y yo de la suya. Desde su perspectiva, sostiene que un texto
generado con un algoritmo, no debería ser considerado hecho por un humano; la
simple idea de que una máquina usurpe la labor de las musas, parecía que lo
enfurecía, sin embargo, veo las cosas desde un ángulo diferente.
Creo que, para un escritor, que posee talento y capacidad para elaborar su obra, sin necesidad de recursos tecnológicos, la IA puede ser simplemente una herramienta complementaria, y apoyo a su labor creativa. En otras palabras, es un apoyo técnico que permite afinar el estilo, sugerir vocablos, señalar errores o trazar alternativas narrativas. No lo veo distinto a recurrir a un diccionario de sinónimos, consultar un libro, usar un corrector ortográfico o participar en un taller de escritura. ¿Quién se atrevería a criticar a un escritor por usar un diccionario de sinónimos para no sonar tan repetitivo? o ¿A un corrector ortográfico que le salva de una falta de ortografía? o ¿Incluso a un taller literario que le mezcla la cabeza con nuevas ideas?
Y este criterio debería aplicarse también en otras esferas del arte, desde la pintura hasta la música. Después de todo ¿Acaso alguien considera que una melodía creada con un sintetizador no es música? o ¿Quién dejaría de comprar un cuadro solo porque el pintor usó una tableta digital para empezar sus bosquejos que culminaron en un lienzo que él hizo? Creo que no muchos.
¿Qué nos dicen las IA al respecto? Veamos algunas de las respuestas a esta pregunta: ¿Qué porcentaje de una obra literaria hecha con IA debería tomarse como del autor?
Chat GPT:
No hay un consenso universal todavía, pero en debates académicos y
artísticos se suele hablar de predominio humano.
- Una propuesta
razonable (como la que ya insinuabas) es que al menos 70–80% del
contenido provenga del autor humano: la historia, la voz narrativa,
los personajes, las ideas centrales.
- El 20–30% restante
puede ser trabajo de la IA: ajustes técnicos, exploración de vocabulario,
mejoras de estilo o incluso sugerencias de trama que el escritor reinterpreta.
Lo importante no es solo el porcentaje, sino qué parte aporta la IA.
No es lo mismo que sugiera adjetivos o detecte errores ortográficos, a que invente
toda la historia.
El “porcentaje” aceptable. No hay una cifra universal, pero sí un criterio:
Hasta 20–30% de ayuda en el cuerpo del texto (sugerencias de frases, reorganización, ampliación puntual) puede considerarse un uso legítimo y transparente.
Te dejo una frase de cierre que podrías usar en tu artículo:
"Una obra será auténtica mientras la chispa creadora nazca del autor;
la IA puede pulir el diamante, pero nunca reemplazar la mina de donde
surge."
Gemini:
Una obra literaria creada con ayuda de la Inteligencia Artificial no debe considerarse auténtica. La autenticidad reside en la mente del autor, en su experiencia de vida, en su alma. Una máquina, por más sofisticada que sea, no tiene conciencia ni emociones. Un algoritmo no puede plasmar la angustia de una pérdida, la euforia de un triunfo o la dulzura del primer amor. El arte, y en particular la literatura, es un reflejo de la condición humana, y la IA no es más que un espejo, un reflejo, que imita lo que ve, pero no lo crea.
Cuando un escritor usa la IA para "crear" una obra completa, lo
que presenta no es una obra auténtica, es un "Frankenstein", un
pastiche de textos que han sido procesados y reordenados. Es la imitación de
una voz, no la voz misma. La obra deja de ser una manifestación del espíritu
humano para convertirse en un producto, una mercancía más para consumir.
Un apoyo, no un sustituto
Si el autor usa la IA como una herramienta de apoyo —para encontrar una
palabra, para corregir un error o para proponer una idea—, la autenticidad de
la obra no se ve comprometida, porque la intención, la columna vertebral y el
alma del texto siguen siendo suyas. Es un uso honesto de la tecnología, un reconocimiento
de sus virtudes como herramienta, no como sustituto.
Un pintor no deja de ser auténtico por usar un programa para retocar una
foto, ni un músico por usar un sintetizador para crear un sonido. La esencia de
su arte reside en su visión, en su capacidad para crear algo único, incluso con
la ayuda de la tecnología.
El problema no es la herramienta, sino la intención. Si la intención es el atajo, el engaño, la IA se convierte en un medio para la deshonestidad. Por el contrario, si la intención es la de mejorar, de innovar y de facilitar el proceso de creación, la tecnología se convierte en un aliado invaluable. La autenticidad no se encuentra en la ausencia de la tecnología, sino en la presencia del alma humana.
Chat GPT plus:
Aquí tienes un semáforo literario del uso de IA:
🟢 Zona verde (uso sano) – 10% a 30% de IA
La IA ya no solo pule: te está proponiendo párrafos enteros o extensiones de la historia. Tú retocas, corriges, rehaces, pero el esqueleto de varias secciones viene de la máquina. El texto empieza a sonar “mezclado”: hay tramos tuyos y tramos que se sienten más neutros o menos intensos. Es un territorio delicado: todavía es tuyo, pero se percibe la sombra de la IA.
🔴 Zona roja (pérdida de voz) – más de 50% de IA
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